El inicio del servicio de correos por ferrocarril en la isla de Cuba

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  Contrario a lo que la lógica pudiera indicar fue el administrador de la ”Empresa de Caminos de Hierro de La Habana” el que sugirió a la Renta de Correos la idea de transportar una valija diaria con cartas a los diferentes puntos que tocaba el ferrocarril. Los vagones del ferrocarril muchas veces hacían los viajes en un sentido u otro vacíos por el costo prohibitivo del pasaje en sus primeros años. El día 10 de julio de 1839 la empresa autorizó que se iniciase el servicio en la línea de la Habana-Bejucal-Güines. Con posterioridad se procedió a hacer las combinaciones para acelerar el transporte del correo a Matanzas y Vuelta Abajo desde las estaciones mencionadas.

Diariamente un empleado de correos entregaba al guardalmacén de la estación de Garcini de la empresa una valija sellada. El funcionario entregaba a su vez la valija al conductor del tren para que este la entregara sellada en la estación de destino. La recibía un empleado de correos que estaría esperando para no retrasar en lo más mínimo el itinerario de los ferrocarriles. El servicio comenzó ajustando entrega y recogida de la correspondencia en los diferentes puntos del recorrido. En los casos en que no existía oficina de correos, cartería o empleado alguno, el guardalmacén del ferrocarril recibía la saca sellada y la entregaba en estación más cercana con oficina postal o cartería. Siéndole confiado el correo para su distribución, si el remitente así lo pidiera.

El transporte postal fue en inicio gratuito, abonándose 6 pesos fuertes por el asiento del conductor en un coche de segunda clase. En octubre de 1843 se llegó a un acuerdo por el cual la Empresa redujo a la mitad el precio del pasaje del conductor de correos, reduciéndolo a la cuarta parte en 1849. En 1850 es renegociado el tema de las tarifas y se disminuye el costo aún más. En esta época si existía afluencia de pasaje de La Habana a Matanzas se enganchaba un vagón especial de correos.

El éxito logrado y el desarrollo de los caminos de hierro permitió que otras sociedades y ferrocarriles hicieran sus acuerdos con la Renta de Correos para el transporte de la correspondencia. El ”Ferrocarril de Matanzas a La Isabel” fue autorizado por Real Orden de abril de 1850 a continuar el servicio, ya iniciado por disposición del Gobernador Superior Civil del 1 de septiembre de 1849. Se conducía diariamente el correo entre los puntos del recorrido a Matanzas, vía Unión de Reyes y viceversa, haciéndose un viaje diario también a Cárdenas.

En 1850 se pagaba a la ”Empresa de Caminos de Hierro de La Habana” 55 pesos al mes por el asiento del conductor en un coche de segunda clase, más 99 pesos por el costo de dos asientos que era en teórica el espacio que ocupaban las valijas. Se abonaba además 7 pesos por un asiento en la línea de San Felipe a Batabanó y 25 pesos en la de La Habana a Guanajay, sumando en total 186 pesos mensuales. El costo era muy alto para la época pero insignificante con relación al servicio que se prestaba.

El capitán general, por indicación del administrador general de la Renta de Correos, procedió a negociar las tarifas con el presidente de la ”Empresa de Caminos de Hierro de La Habana”. Su objetivo era conseguir un acuerdo de franquicia para la correspondencia oficial y la rebaja de las tarifas de pasaje. El último trimestre de 1850 la empresa había percibido 753 pesos por concepto de transporte de valijas de correos.

El presidente de la Empresa expide una comunicación el 4 de febrero de 1851 al capitán general donde expone que era imposible la conducción de la correspondencia pública y oficial de forma gratuita ya que el estado abonaba el costo del transporte postal y pasaje a numerosas sociedades de ferrocarriles. También argumentaba que el estado económico de la empresa no permitía la concesión de semejante franquicia. Argumentaban el elevado costo abonado a la Junta de Fomento por el ferrocarril de Güines y la reconstrucción de algunas vías férreas. Tenían también que hacer un desembolso importante en el trazado y construcción de las nuevas líneas ya proyectadas.

Las breves contradicciones estado – ferrocarril se solventaron rápidamente y la Renta de Correos acordó utilizar las líneas de la empresa hasta su estación final. Se acordó doblar el precio a condición que, por el valor de 6 asientos, se le permitiera un aposento privado para los correos ordinarios y extraordinarios así como para las valijas.

La fecha del acondicionamiento de un espacio en los vagones del ferrocarril no está clara pero el aumento del flujo de correspondencia casi seguro obligó a la empresa a habilitar un depósito para la custodia de las valijas.

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