La inflación, un niño con una peseta en los 80 y las nuevas emisiones monetarias de Cuba (vendrán más seguro)

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La inflación… un breve concepto para neófitos

La inflación monetaria, explicado de forma sencilla, ocurre cuando hay más dinero en circulación del que la economía puede respaldar con bienes y servicios. Al haber más dinero para comprar los mismos artículos, el dinero pierde valor y los precios suben.

Dicho de una manera más coloquial: si en lugar de producir más o corregir las causas de la inflación, el banco emisor pone más dinero en circulación mediante la emisión de nuevos billetes, puede terminar aumentando todavía más la cantidad de dinero disponible y, si la producción no crece al mismo ritmo, ejercer más presión sobre los precios.

En pocas palabras: más dinero persiguiendo los mismos productos significa, normalmente, dinero que vale menos y precios más altos. Es como se dice en España la “pescadilla que se muerde la cola” y un espiral descendente a los infiernos de miseria monetaria.

Mi experiencia…

Ahora me viene a la mente cuando a finales de los 70 y comienzos de los ochenta pedía una peseta a mi abuelo (20 centavos) y era un premio. Podías elegir con ella toda una serie de dulces y empanadas: una tortica de Morón: 5c, un helado: 20c, un frozen: 15c, un pan con fritura de harína: 15c, un refresco embotellado: 5c… y un largo etc… Con la llegada de mi hija mayor nos fuimos a 5 pesos (una pizza) y poco después un dólar… pedir 5 pesos en mi época era impensable. Los salarios eran muy bajos, era el salario de mi madre de todo un día de trabajo …

Regresemos a la actualidad. Las monedas han desaparecido, no hay nada que comprar con ellas. El motivo de la nueva emisión es fácil de entender si miramos la situación actual. Los precios han ido aumentando estratosféricamente y cada vez hacen falta más billetes para realizar operaciones que anteriormente podían hacerse con cantidades mucho menores. El Banco Central de Cuba ha ampliado progresivamente las denominaciones del peso cubano: primero, en un momento anterior al «reordenamiento» monetario, aparecieron los billetes de 200, 500 y 1.000 pesos; luego, debido a la inflación generada por desacertadas decisiones económicas tomadas, los billetes de 2.000 y 5.000 pesos, y ahora, los de 10.000 y 20.000 pesos.

Antes del desastre de la “reunificación monetaria” teníamos billetes con faciales entre 1 y 100 cuc, en teoría libremente convertibles a dólares norteamericanos que gozaban, a pasar de su falta de respaldo real, de la confianza de los cubanos. Se entregaban y se aceptaban, durante años su cotización estable se sostenía con una serie de servicios y productos de los cuales ahora se carecen. Si extrapoláramos un billete de 100 cuc (equivalente a 100 dólares) al cambio actual de la calle serían 70.000 pesos cubanos cuando antes eran solo 2.400 pesos. Sera necesario un billete de mayor denominación? Sin duda, los actuales son insuficiente cuando el de mayor denominación solo representa 28 dólares. Por ello, no será de extrañar que próximamente se anuncie la circulación del facial de 50.000 pesos cubanos, representativos, si se emitieran tales billetes hoy, de un valor de 71 dólares norteamericanos.

Del mayor general Ignacio Agramonte a la nueva emisión de 10.000 y 20.000 pesos…

La historia del billete cubano de 10.000 pesos ofrece una curiosa coincidencia entre dos momentos muy diferentes de la economía de la isla. En 1950, el Banco Nacional de Cuba puso en circulación una denominación de 10.000 pesos con la imagen de Ignacio Agramonte. En 2026, setenta y seis años después, el Banco Central de Cuba vuelve a incorporar esta denominación, ahora acompañada por un nuevo billete de 20.000 pesos. Aunque ambos billetes llevan impresa la misma cantidad, su significado económico es completamente diferente.

En 1950, 10.000 pesos era una cantidad extraordinaria. En 2026, 10.000 pesos es simplemente una denominación necesaria dentro del sistema monetario y aun así insuficiente para la inflación galopante y descontrolada que sufre el país en estos momentos.

En la Cuba republicana de mediados del siglo XX, los 10.000 pesos constituían una suma extraordinariamente elevada. La economía funcionaba con denominaciones mucho menores y el billete fue una emisión excepcional. De hecho, su escasa utilización y posterior retirada explican que hoy sea una de las piezas más raras del papel moneda cubano.

Pero hay que entender correctamente lo que significa esta comparación. El billete de 10.000 pesos de 2026 no vale, en términos reales, lo mismo que el de 10.000 pesos de 1950. La cifra impresa es idéntica, pero el poder adquisitivo de esas 10.000 unidades monetarias pertenece a dos mundos completamente diferentes.

En 1950, la renta media por habitante de Cuba rondaba los 322 pesos anuales en precios corrientes, según datos históricos del Banco Mundial. Incluso teniendo en cuenta las limitaciones de estas estadísticas, la cifra permite comprender hasta qué punto aquellos 10.000 pesos representaban una suma excepcional: equivalían a más de treinta veces el ingreso anual medio por habitante de aquel momento. No era, por tanto, una cantidad destinada a las transacciones habituales de la población.

El billete de Agramonte debe entenderse dentro de aquel contexto. Su elevado facial respondía más a una denominación excepcional del sistema monetario que a una necesidad cotidiana de efectivo. La propia rareza de los ejemplares conservados es un reflejo de ello.

La situación que encontramos en 2026 es muy diferente. El Banco Central de Cuba ha ampliado progresivamente las denominaciones del peso cubano: primero aparecieron los billetes de 2.000 y 5.000 pesos, y posteriormente los de 10.000 y 20.000 pesos. El objetivo declarado es facilitar las operaciones de efectivo en un contexto de precios mucho más elevados.

La diferencia entre ambas épocas puede apreciarse también en el propio cono monetario. En 1950, el billete de 10.000 pesos se encontraba en el extremo superior de una estructura monetaria que trabajaba habitualmente con cantidades mucho menores. En 2026, esa misma denominación comparte espacio con un billete que duplica su valor facial y aun así es insuficiente.

Esto nos permite utilizar los billetes como una especie de termómetro histórico de la economía. No porque el valor impreso determine por sí mismo la inflación, sino porque las denominaciones que una autoridad monetaria decide poner en circulación responden, entre otras cosas, al tamaño de las cantidades que se necesitan manejar.

Hay además una diferencia importante en la naturaleza de ambos billetes. El de 1950 pertenece a una etapa en la que el peso cubano mantenía una relación monetaria estrecha con el dólar norteamericano y se desenvolvía dentro de un sistema monetario relativamente estable. El de 2026 aparece en una economía colapsada por fuertes diferencias entre los tipos de cambio oficiales y los existentes en el mercado informal, además de una prolongada subida de precios.

Por eso resulta tan interesante que ambos momentos estén representados por un billete de idéntico valor facial. El número 10.000 permanece; lo que cambia es la realidad económica que hay detrás de ese número.

Más pesos no significa más riqueza

En 1950 había que preguntarse para qué podía necesitar una persona un billete de 10.000 pesos.

En 2026 hay que preguntarse por qué hacen falta billetes de 10.000 y 20.000 pesos para las operaciones de una economía cotidiana.

Ahí está, en buena medida, la diferencia entre una denominación excepcional y una denominación provocada por la pérdida de poder adquisitivo. Esta comparación permite entender uno de los errores más habituales cuando hablamos de inflación: confundir cantidad de dinero con riqueza.

Imaginemos que una persona recibe hoy un billete de 20.000 pesos. Tiene veinte veces más pesos que quien en 1950 recibiera un billete de 1.000. Pero eso no significa que pueda comprar veinte veces más cosas. Lo que importa no es el número escrito en el billete, sino cuántos bienes y servicios podemos adquirir con él.

Por eso, cuando una economía pasa progresivamente de billetes de 1.000 a 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000 pesos, el fenómeno debe analizarse conjuntamente con la evolución de los precios y de los ingresos. El propio Banco Central relaciona la actualización de las denominaciones con las condiciones de precios y las necesidades de efectivo.

La realidad de 2026 hace todavía más evidente esta diferencia. Al comenzar a circular los nuevos billetes, EFE informó de que los 10.000 pesos equivalían aproximadamente a 14 dólares en el mercado informal, mientras que los 20.000 equivalían a unos 28 dólares, tomando como referencia el tipo de cambio informal de ese momento.

Esa es, probablemente, una de las formas más sencillas de explicar qué significa la inflación: cuando necesitamos cada vez más unidades de nuestra moneda para comprar las mismas cosas, los números de los billetes empiezan a crecer.

Los billetes cambian de diseño, aparecen nuevos personajes y aumentan las denominaciones, pero lo que realmente ha cambiado es algo que no aparece impreso en ellos:

el poder adquisitivo de cada peso.

¿Dónde quedo ese niño con una peseta en la mano?

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