Cuando dos traidores aparecen en una emisión de sellos de Cuba. (primera parte)

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Siempre, a través de los siglos, se ha tachado a los traidores a la patria denigrándo su memoria y poniéndolos como ejemplos de vileza. En Cuba tenemos un caso “sui generis” con la emisión dedicada al Retiro de Comunicaciones de 1956. Es evidente que no existió intencionalidad pero la justicia histórica puede tardar pero siempre llega, generalmente.

La orden Nº11 del Ministerio de Comunicaciones expedida el 9 de abril de 1956 ordenaba la impresión de la anual serie de “Retiro de Comunicaciones”. Esta vez estaba dedicada a escritores y personalidades prominentes del siglo XIX cubano. El 75% del  importe recaudado de la emisión estaría destinado a los fondos del Retiro de Comunicaciones de los funcionarios postales.

La emisión se ilustraba con imágenes de:

2c Julián del Casal (2.000.000)

4c Luisa Pérez de Zambrana (5.000.000)

10c Juan Clemente Zenea (300.000)

14c José Joaquín Palma (75.000)

8c correo aéreo. Mayor General Julio Sanguily (300.000)

12c correo aéreo. General José María Aguirre (500.000)

30c correo aéreo. Coronel Ernesto Fonts Sterling (75.000)

10c correo aéreo. José Jacinto Milanés (255.000)

Es cuestionable si se conocían o no los acontecimientos que les narraré a continuación pues aún existían testigos de las vilezas de estos dos traidores que desenmascaremos a continuación:

El primero y más dañino fue un Mayor General de nuestra primera guerra de  independencia: Julio Sanguily Garrite. Este “insigne patriota” con numerosos méritos revolucionarios y recordado sobre todo por el rescate que protagonizó el Mayor General Ignacio Agramonte cuando Sanguily fue capturado en el Camagüey y que incomprensiblemente solo se saldó con una herida del retenido general que prácticamente le inutilizó la mano de por vida.

Se califica su actuación de ejemplar durante la primera guerra de independencia y “mostró siempre enorme valor y resistencia físicos. Sufrió varias heridas de guerra, entre ellas un disparo de fusil en un pie (algunas fuentes afirman que fue un machetazo) que lo dejó lisiado, y a partir de aquel día sus ayudantes tuvieron que izarlo a su caballo y desmontarlo, lo que no le impidió seguir luchando”. El problema vino cuando fue despachado en 1876 con su hermano, Manuel, a los Estados Unidos a recuperarse de sus heridas y a procurar pertrechos para continuar la guerra.

La historiadora Gina Picard en su blog comenta:

Se le acusa de haber sido un agente doble de España y los Estados Unidos. Se cree que fue responsable por la muerte en combate de Manuel García, quien se hiciera famoso por practicar el bandolerismo en los campos de Cuba. También se considera a Julio Sanguily culpable directo por la captura de la expedición de Fernandina preparada por Martí, y por el fracaso del levantamiento en el occidente de la isla. Investigaciones recientes han puesto de manifiesto que la negativa de Martí de entregar dinero a Maceo para el financiamiento de su expedición de Costa Rica fue causada por intrigas y actos deshonestos de Julio Sanguily. El Apóstol llegó a sentir tal desconfianza de este hombre que le ocultó los últimos preparativos de la guerra y la llegada a Cuba de los principales jefes de la contienda.

 En febrero de 1895 Julio fue hecho prisionero por los voluntarios españoles, quienes le pedían pena de muerte, pero con la intervención del gobierno de los Estados Unidos, país del que era ciudadano, y otras gestiones para liberarlo las llevadas a cabo por su hermano Manuel, consiguió ser indultado. Dos días después regresó a Nueva York, donde se presentó ante la delegación cubana para ser alistado. El delegado Tomás Estrada Palma, después de consultar con el Consejo de Gobierno de Cuba, le denegó tal petición. Cuando Julio Sanguily aún reclamaba su envío a Cuba, Estados Unidos declaró la guerra a España (20 de febrero de 1898). Sanguily se enroló en la expedición del vapor Florida, que bajo el mando del General de División José Lacret Morlot desembarcó por Banes el 26 de mayo de 1898. Le fue reconocido el grado de Mayor General y terminó la guerra con categoría de jefe excedente. En la etapa republicana se retiró de la política y no ocupó cargos públicos. Murió en La Habana en 1906. 

 Esta figura de Julio Sanguily resulta bastante incomprensible en cuanto a su verdadera condición humana. Queda fuera de todo cuestionamiento que era un hombre de extraordinario valor personal y un militar muy eficiente, ambas virtudes bien demostradas por su extensa  hoja de servicios en el Ejército Libertador. Recientes y muy rigurosas investigaciones llevadas a cabo sobre su persona por prestigiosos historiadores cubanos revelan que también fue un espía doble pagado por los gobiernos de España y Estados Unidos. Martí, quien en mi opinión tanto se equivocó con la índole real de Estrada Palma, supo ver dentro de Julio Sanguily, quien encaja perfectamente en aquella desgarradora reflexión ecuménica del Apóstol: “Conozco al hombre y lo he encontrado malo”. ¿Era un patriota falso? ¿Fue traidor desde el principio a la causa de nuestra independencia? ¿Era un anexionista enmascarado? ¿Tuvo alguna motivación ideológica o simplemente fue un inmoral? ¿Qué razones pudieron hacer de este hombre con tanto potencial para trabajar por la libertad de Cuba un vil sujeto envuelto en tanta miseria humana?

 Si quedara alguna duda y resumiendo las investigaciones de varios historiadores, Rolando Rodríguez, en el primer tomo de su libro Cuba, la primera ocupación las máscaras y las sombras (ed. Ciencias Sociales, 2007) define la actuación de Sanguily:

Otro asunto que debe quedar claro […] es el carácter “traidor” de Julio Sanguily, cuya fea hoja de servicios comenzó a empañarse, según el Mayor General Vicente García, cuando en la manigua comenzó a traficar con productos para su uso con los enclaves del enemigo. Más tarde, ya en la paz, le aceptó una “botella” al general García de Polavieja en los ferrocarriles. Para entonces, como aseguró el general español, Julio Sanguily protegía bandidos y les aceptaba dinero resultado de los delitos cometidos. Fue acusado indirectamente por Martí de haberle estafado dinero a los tabaqueros con la historia de un alzamiento que llevaría adelante en Cuba, y al respecto Martí pidió que no lo dejaran ir de nuevo a Cayo Hueso porque demeritaba la idea independentista. Sanguily casi seguramente fue el delator del 24 de febrero de 1895 ante el mando español. La verdad es que para esa fecha había sido designado jefe militar mambí de Occidente, y en la mañana de aquel día glorioso no estaba en el campo de batalla, sino en su mansión de El Cerro, donde fue arrestado por los españoles casi con seguridad para prestarle una coartada. Algunos de los que le acompañaron en la aventura sabían desde antes que no tomaría las armas pues tenía empeñados el revólver y el machete. Luego, cuando estaba en Estados Unidos, le estafó a Estrada Palma varias mesadas con la historia de su sostenimiento, y en 1897, al mismo tiempo, entró en contacto con Dupuy de Lôme, el ministro español en Washington, y le propuso por unos 300 pesos mensuales venir a Cuba para convencer a Máximo Gómez de que aceptara la autonomía. El presidente del Consejo de Ministros de España. Antonio Cánovas del Castillo, aceptó se le pagara ese salario, pero no que viniera a la isla. Por último, ya en Cuba, a donde viajó con las tropas estadounidenses, se puso durante la ocupación al servicio del gobernador Leonard Wood en labores “especiales”, es decir, de espionaje, por unos cuantos cientos de pesos al mes. Falta añadir por qué hizo todo aquello. La razón estriba en que Julio Sanguily se había aficionado al alcohol, las francachelas con mujeres y, sobre todo, a la baraja. Se sabía que no salía de las mesas de juego. Para estas afirmaciones se cuenta con el diario de Vicente García, cartas de García de Polavieja, de Dupuy de Lôme, y vouchers de pago firmados por Wood y Sanguily. Sobre su estafa a los tabaqueros de Cayo Hueso hay cartas sobradas de Martí en sus Obras completas, y en cuanto al 24 de febrero hay testimonios de su postura ante el alzamiento y documentos que muestran le habían llegado confidencias en ese sentido al capitán Emilio Calleja. Dada su postura, habían sido proporcionadas por este sujeto. Sin duda, Julio Sanguily fue el gran traidor de la independencia cubana.

Aún hoy el “Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba” en su primer tomo de biografías sigue sin reflejar su lamentable actuación que podemos tildar sin dura de traición a la patria.

 

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4 comentarios

  1. Estoy de acuerdo contigo en lo que planteas sobre Julio Sanguily. No obstante, creo que hay una situacion que hacen más controvertida su personalidad. Fue capaz de remitirle dinero a Máximo Gomez cuando este estaba pasando una gran crisis económica, al terminar la Guerra de los Diez Años. También se plantea que fue reclutado como espía por el gobierno español para no ir a prisión cuando hizo un desfalco en los ferrocarriles. Además tuvo una actitud negativa durante la conspiración preparada por Maceo que culminó con la Paz del Manganeso

  2. Olvidé señalar que esa emisión no fue la única, ni la primera,donde aparece Julio Sanguily. También se encuentra en el valor de 3 centavos de la serie de los patriotas de 1910.

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