La convención de la ASTA de 1959. Un sobre, dos firmas, dos destinos …

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por Adolfo Sarrias y Marcos Fraga.

La Filatelia tiene esa capacidad de convertir un simple sobre en una ventana al pasado. Hace unos días, un amigo revisaba mi página web y se detuvo en un sobre de primer día firmado que, a simple vista, no parecía especialmente llamativo. Sin embargo, entre las firmas descubrió algo que a mí se me había escapado: dos autógrafos que, reunidos en un mismo documento, dibujan una auténtica paradoja histórica.

No pretendemos hacer política. Fieles a los principios del Grupo para el Desarrollo de la Filatelia Cubana (GDFC): apoliticidad absoluta y ninguna apología de regímenes políticos o corrientes ideológicas, nos limitaremos a exponer los hechos. Las conclusiones, como siempre, quedan en manos de nuestros lectores.

El escenario histórico

En octubre de 1959, La Habana acogió la 29.ª Convención Mundial de la American Society of Travel Agents (ASTA). Para el Gobierno revolucionario, que apenas llevaba unos meses en el poder, era una oportunidad magnífica para mostrar al mundo una Cuba abierta, estable y preparada para recibir turistas.

1959. Sobre ilustrado de la fábrica de tabacos "Romeo y Julieta" con la viñeta alusiva a la convención de la ASTA.
1959. Sobre ilustrado de la fábrica de tabacos «Romeo y Julieta» con la viñeta alusiva a la convención de la ASTA.

La Convención reunió, entre el 17 y el 25 de octubre, a miles de agentes de viajes procedentes de numerosos países. Los preparativos estuvieron a la altura del acontecimiento: se remodeló la terminal del aeropuerto, se organizaron recepciones en los grandes hoteles de la capital como el Nacional, Riviera, Habana Hilton y Capri, e incluso se creó un cóctel exclusivo para la ocasión.

El momento culminante llegó el 19 de octubre, cuando Fidel Castro pronunció un discurso en el Teatro Blanquita. Habló en inglés y presentó la imagen de una Cuba donde el turismo debía estar al alcance de todos y no solo de quienes podían permitírselo. Aquella misma noche, el presidente Osvaldo Dorticós ofreció una recepción oficial en el Capitolio Nacional. Allí, Fidel pasó horas firmando autógrafos sobre billetes, insignias, programas y tarjetas de visita. El embajador de Estados Unidos, Philip W. Bonsal, presente en el acto, dejó constancia de su sorpresa ante el entusiasmo que despertaba el líder revolucionario.

Pero aquel clima de cordialidad duró muy poco. El 21 de octubre, el ex jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria, Pedro Luis Díaz Lanz, sobrevoló La Habana en un avión procedente de Estados Unidos y lanzó panfletos que denunciaban el camino marxista de la Revolución

Raúl Castro saludando a los delegados en el Havana Hilton, sede de la Convención de la ASTA, con una tacita de café espresso cubano y portando una credencial con la inscripción (en inglés): «Pregúntame… yo vivo aquí».
Raúl Castro saludando a los delegados en el Havana Hilton, sede de la Convención de la ASTA, con una tacita de café espresso cubano y portando una credencial con la inscripción (en inglés): «Pregúntame… yo vivo aquí».

La crisis fue inmediata. Fidel Castro convocó manifestaciones de protesta y, en apenas unas horas, lo que había comenzado como un gesto de acercamiento hacia el turismo internacional pasó a quedar eclipsado por un nuevo episodio de confrontación política.

 

La pieza

Lo más lógico sería buscar en este sobre la firma de Fidel Castro. Sin embargo, no está. Lo verdaderamente interesante aparece unos centímetros más abajo, bajo el caché conmemorativo. Allí pueden verse dos firmas discretas que, vistas hoy, resultan mucho más reveladoras juntas que por separado: las de Raúl Castro Ruz y su hermana Juana de la Caridad «Juanita» Castro Ruz.

En octubre de 1959, Raúl Castro ya ocupaba el cargo de ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y era, de hecho, la segunda figura del nuevo Gobierno. Casi medio siglo después sucedería a su hermano en la jefatura del Estado y el Gobierno de Cuba.

1959. Tarjeta dibujada con una carreta de cañas firmada por R. Reyes con el sello conmemorativo del ASTA y una viñeta especial con un mensaje político.
1959. Tarjeta dibujada con una carreta de cañas firmada por R. Reyes con el sello conmemorativo del ASTA y una viñeta especial con un mensaje político.

 

 

1970, sept 25. Juanita Castro. By Keystone/Getty Images.
1970, sept 25. Juanita Castro. By Keystone/Getty Images.

Juanita Castro había participado igualmente en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y apoyó inicialmente la Revolución. Sin embargo, el progresivo acercamiento del nuevo Gobierno al comunismo provocó una ruptura cada vez más profunda con sus hermanos Fidel y Raúl. Primero ayudó discretamente a opositores y perseguidos políticos y más tarde colaboró, de forma clandestina, con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) del gobierno federal de Estados Unidos.

En 1964, tras el fallecimiento de su madre, abandonó definitivamente Cuba y se trasladó a México. Poco después fijó su residencia en Miami, donde abrió una farmacia en 1973 y obtuvo la ciudadanía estadounidense en 1984. En 2009, con la publicación de sus memorias, reveló que había colaborado con la CIA entre 1961 y 1964 para facilitar la salida de disidentes y religiosos perseguidos. Falleció en Miami en 2023, a los noventa años.

El documento filatélico

El sobre está franqueado con el sello conmemorativo emitido con motivo de la Convención de la ASTA, una emisión de correo aéreo con un valor facial de 13 centavos, puesta en circulación el 17 de octubre de 1959.

El caché ilustra el acontecimiento con motivos alusivos a la Convención y el matasellos de primer día certifica la fecha oficial de emisión. Además, consta una docena de firmas de los asistentes a la Convención, incluida la de Max B. Allen, entonces Presidente de la ASTA. Solo por estos elementos, el sobre ya constituye un interesante documento filatélico.

Pero lo que realmente lo convierte en una pieza excepcional son esas dos firmas. Hasta el momento no hemos localizado otro sobre de esta Convención firmado por asistentes y, mucho menos, uno que reúna en el mismo documento las rúbricas de dos hermanos cuyos caminos terminarían separándose de forma tan radicalmente opuestos.

Una sencilla emisión conmemorativa que, sin proponérselo, terminó conservando para la historia el instante en que dos hermanos firmaron juntos un sobre, ignorando que el futuro los situaría en extremos opuestos de la historia de su país. En sus memorias, Juanita Castro afirmaría: “Vivo, al igual que los miles de exiliados cubanos, con el dolor de que una familia de siete hijos se haya desintegrado y que no pudiéramos crecer, ni envejecer juntos”.

En octubre de 1959 nadie podía imaginarlo. Aquel día solo eran dos hermanos firmando recuerdos para los asistentes a una convención internacional. Con el paso del tiempo, esas dos firmas terminarían convirtiéndose en el mejor testimonio de cómo la historia puede cambiar las relaciones afectivas entre dos hermanos y, con ello, el significado de un simple sobre.

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