Los gomígrafos de la Primera Division del Quinto Ejercito de Matanzas ¿originales o bogus?

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La filatelia cubana del siglo XIX, aún no completamente explorada, continúa ofreciendo sorpresas e interrogantes. Presentamos hoy un caso que, años después de haber sido observado por primera vez, sigue constituyendo una incógnita dentro de la historia postal de las guerras de independencia contra la dominación española.

Hace algunos años tuve la oportunidad de examinar, en la colección de un filatelista norteamericano, varios recortes de papel que mostraban impresiones realizadas mediante gomígrafo en distintos colores, atribuidas a la Primera División del Quinto Cuerpo del Ejército Libertador, que operaba en la región de Matanzas. El gomígrafo tenia en el recuadro inferior un espacio libre para  añadir el valor.

Imagen modificada de lo que sería el gomígrafo original sin el valor
Imagen modificada de lo que sería el gomígrafo original sin el valor

A juicio de algunos especialistas, estas piezas han sido consideradas como posibles “bogus” (emisiones no oficiales o de carácter dudoso). Sin embargo, estimamos que, ante la falta de evidencias concluyentes, resulta más prudente mantenerlas en una posición de cautela —por así decirlo, en “cuarentena”— hasta que aparezcan pruebas documentales, como sobres circulados u otras fuentes fiables, que permitan confirmar o descartar su uso postal legítimo.

No sería la primera vez que la escasez de información conduce a relegar ciertos materiales al olvido, para que posteriormente cobren relevancia a la luz de nuevos hallazgos. Por ello, consideramos preferible dar a conocer estas piezas y someterlas al análisis colectivo.

Ante esta situación, invitamos a los coleccionistas e investigadores que puedan disponer de sobres, documentos o información verificable a contribuir al esclarecimiento de este caso, con el objetivo de avanzar hacia una interpretación más sólida y fundamentada.

Algunas consideraciones filatélicas sobre el tema

Las evidencias disponibles permiten sostener, con igual cautela, tanto la hipótesis de autenticidad como la de falta de ella. Por ello, y sin inclinarnos de forma definitiva por ninguna de ellas, exponemos a continuación algunas consideraciones:

  • Hipótesis de material “bogus”:
    En caso de tratarse de una emisión no oficial, resulta poco lógico pensar que se confeccionara un gomígrafo para producir únicamente un número tan reducido de impresiones, sin que hayan aparecido más ejemplares o piezas relacionadas. Lo habitual, en este tipo de casos, habría sido la producción de un mayor número de pruebas, cartas u otros soportes, especialmente teniendo en cuenta la relativa accesibilidad a estos materiales en su momento.
  • Hipótesis de autenticidad:
    Si las piezas fueran originales, cabría interpretarlas como un posible ensayo que no llegó a desarrollarse plenamente como sistema de franqueo. Debe recordarse que, en muchos casos, la correspondencia mambisa circulaba sin necesidad de franqueo formal, lo que explicaría la extrema rareza de encontrar cartas efectivamente franqueadas con sellos del correo insurgente.
  • Limitaciones técnicas del análisis:
    Desde un punto de vista técnico, resulta imposible emitir un dictamen concluyente sin acceso directo a las piezas. Cualquier valoración basada exclusivamente en imágenes entraña un alto grado de incertidumbre. Aunque la tinta parece, a primera vista, compatible con la época, su notable nitidez plantea interrogantes que no pueden resolverse sin un examen material detallado.

La única vía posible es comenzar por aclarar qué fue exactamente la Primera División del Quinto Cuerpo del Ejército Libertador, así como reconstruir su trayectoria y determinar quiénes fueron sus principales jefes.

La información histórica de la Primera División del Quinto Cuerpo del Ejército Libertador

En la segunda mitad de la década de 1890, el occidente de Cuba se convirtió en uno de los principales teatros operacionales del conflicto. Las provincias de Matanzas y La Habana concentraban un alto valor estratégico debido a tres factores principales: su peso en la producción azucarera, la densidad de su red ferroviaria y su proximidad directa a la capital colonial.

M. G. Pedro Betancourt
M. G. Pedro Betancourt

Este conjunto de condiciones convirtió la zona en un espacio de guerra irregular, donde el control del territorio no se definía por líneas estables, sino por la capacidad de movilidad, interrupción logística y desgaste económico. La estrategia insurgente se apoyó, por tanto, en operaciones de sabotaje, emboscadas y ataques sistemáticos a infraestructuras productivas.

En este marco se organizó la Primera División del Quinto Cuerpo, estructurada para operar en profundidad sobre el territorio de Matanzas y su prolongación hacia el ámbito rural habanero. Su conducción recayó en mandos locales, destacando Pedro Betancourt Dávalos como jefe operativo de referencia en el sector norte de Matanzas, junto a responsables secundarios distribuidos por distintas zonas de acción.

Los principales jefes que comandaron esta división durante la Guerra de Independencia (1895-1898) fueron:

  • General de División José Lacret Morlot: Fue el jefe principal de la Primera División del Quinto Cuerpo. Bajo su mando, la división llevó a cabo numerosas acciones combativas en la provincia de Matanzas, especialmente tras la Invasión a Occidente
  • General de División Avelino Rosas: Se desempeñó como jefe de esta división, destacando por su actividad militar en la región matancera.
  • Mayor General Mario García Menocal: Aunque al final de la guerra terminó como jefe de todo el Quinto Cuerpo de Ejército (que agrupaba a La Habana y Matanzas), su liderazgo influyó directamente en la estructura de la Primera División.

Estructura operativa y distribución del mando

La división no funcionaba como una unidad rígida, sino como un sistema de mando descentralizado con coordinación general.

El nivel superior se encargaba de la dirección global de las operaciones en el eje Matanzas–La Habana rural, estableciendo prioridades tácticas y zonas de presión.

En el plano operativo, Pedro Betancourt Dávalos asumía la conducción principal en el norte de Matanzas, donde se concentraban las acciones de mayor continuidad y planificación.

La división se articulaba territorialmente en tres ejes funcionales:

  • Sector norte de Matanzas (Colón, Cárdenas, Perico): zona de emboscadas, interdicción de caminos y acciones sobre líneas de comunicación.
  • Sector centro-sur (Jagüey Grande, Unión de Reyes): área de impacto económico, centrada en la destrucción de ingenios, incendios de cañaverales y sabotaje productivo.
  • Extensión hacia La Habana rural (Güines, Madruga): zona de contacto secundario, con combates dispersos, hostigamiento y apoyo logístico de partidas móviles.

Estas áreas eran cubiertas por pequeñas partidas de estructura flexible, con alto grado de autonomía táctica y movilidad constante, lo que dificultaba su neutralización por fuerzas regulares.

Desarrollo de las operaciones (1896–1898)

Tras la reorganización operativa de 1896, la división inició sus acciones en puntos clave del interior de Matanzas, especialmente Colón, Cárdenas y Jagüey Grande. Las primeras operaciones se centraron en la destrucción de ingenios azucareros y el corte de líneas férreas que conectaban con La Habana, afectando directamente la capacidad de abastecimiento y movilidad del sistema colonial.

Entre 1896 y 1897 se registra la fase de mayor intensidad operativa. Bajo la conducción de Pedro Betancourt Dávalos, se estableció un patrón recurrente de emboscadas en los principales ejes de comunicación: Colón–Cárdenas y Matanzas–Unión de Reyes. Estas acciones se complementaron con incendios sistemáticos de cañaverales y ataques selectivos contra pequeños destacamentos españoles, con el objetivo de mantener presión constante sobre el control militar del territorio.

Durante 1897, la dinámica operativa evolucionó hacia un modelo de desgaste prolongado. Las acciones se orientaron progresivamente contra la infraestructura agrícola y las unidades encargadas de la política de reconcentración. Paralelamente, el área de operaciones se amplió hacia el entorno rural de La Habana, donde comenzaron a registrarse combates dispersos de menor escala, pero con continuidad táctica.

En la fase final, entre 1897 y 1898, la división operó bajo condiciones propias de guerra de guerrillas consolidada. El control territorial era parcial y fragmentado, con predominio de movimientos tácticos de baja permanencia. La presión ejercida por las fuerzas españolas obligó a reducir enfrentamientos abiertos, reforzando la dispersión de las partidas y la movilidad constante como principal mecanismo de supervivencia operativa.

Aquí tienes el apartado de conclusiones redactado de forma más clara, fluida y correcta:

Conclusiones:

En el estado actual de la investigación, resulta imposible emitir un dictamen definitivo sobre la autenticidad de estas piezas o su correspondencia con el correo mambí de la época.

Por ello, consideramos necesario hacer un llamamiento a coleccionistas y estudiosos de la filatelia cubana para que revisen sus colecciones, archivos y fondos documentales. No es descartable que, con el tiempo, aparezcan nuevos ejemplares o evidencias que permitan completar este rompecabezas y, finalmente, establecer un criterio sólido y fundamentado sobre su naturaleza.

 

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