Prefilatelia cubana 1. ¿Como se entregaba la correspondencia en la Cuba colonial? 

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Queremos iniciar una serie de artículos y post dedicados a la prefilatelia de nuestro país. Poco se ha escrito que sea realmente original en los últimos años y los “refritos” publicados por algunos autores van plagados de errores que a fuerza de repetirse se van considerando verdades y no es así.

Preguntas tan sencillas de cómo se entregaba la correspondencia durante el período precedente al establecimiento del sello postal adhesivo pueden llevar a equívocos y la mayoría de los coleccionistas fallarían con la respuesta tan sencilla. El cartero que conocemos actualmente realiza esta función sin que tenga que bonificársele privadamente por entregarte una carta pues está dentro de sus funciones. Hace 200 años no era así.

Revisando la correspondencia de época podemos estimar que más del 95% de la conservada, o menos, corresponde al Real Servicio o Correo Oficial y por lo tanto entregada directamente a los funcionarios encargados en la oficina postal. El resto, que es el que nos interesa, es la correspondencia privada.

 

Ese 5% de correspondencia privada o comercial a su vez podemos subdividirlo en la correspondencia remitida a la oficina postal y la que si la tenía dirección. Tratémosla por separado y verán las sutiles diferencias:

 

– Correspondencia remitida a la oficina postal: es al menos el 4% de la correspondencia privada conservada remitida directamente a la oficina postal, lo que conocemos como “lista de correos” para que el remitente pasara a recogerla. Se confeccionaban listas y el destinatario podía retirarlas directamente en la oficina sin que tuviera que abonar porte adicional al marcado en la carta.

– Correspondencia con dirección: ese 1% que tenía la indicación de donde entregar (que parece muy bajo, pero es real) se procesaba de forma diferente. El cartero tenía un sueldo fijo anual, generalmente bajo, que era suplementado con un cuartillo de real con que bonificaba el destinatario de la correspondencia privada por la entrega en su domicilio de cada misiva. Ese cuarto de real complementaba su salario y le hacían más llevadero su trabajo.

En algunas líneas de correos el importe de la recaudación llevó a ofrecerse íntegro al postillón a cambio que realizara los trayectos entre las ciudades de su ruta.

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