Descubierto un sobre de un vuelo accidentado en 1934 en Cuba

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Cuando a veces pensamos que todo está ya revisado, aparecen las sorpresas. hace unos días revisaba material que había comprado a un comerciante hacía más de 20 años de las emisiones de sellado oficial de Cuba. Los sobres, amontonados en un grueso álbum apenas eran visibles cuando los compre y así llevaban desde entonces.

Mi sorpresa es que al intentar identificar el tipo del sello en un sobre legal (que tanto aborrezco) le di la vuelta y ahí vino mi sorpresa. Un texto aclaraba … “esta sufrió demora por la caída de avión Nº7” y firmaba Carmona en la misma tinta y la acompañaba otra ilegible a lápiz. En principio no me lo podía creer… ¿cómo había escapado al riguroso escrutinio del vendedor y más aún, al mío, durante tanto tiempo.
Me di a la tarea de investigar el supuesto accidente pues a pesar de la hora me era imposible descansar sin saber si realmente era o no un vuelo accidentado. Con la ayuda de Google accedí a una página que recoge los accidentes aéreos más importantes del mundo y en ella encontré la solución y las respuestas que necesitaba..


En efecto se trataba de un VUELO ACCIDENTADO.. (*). Reconstruyendo los hechos podemos contar que el avión, un Ford 4-AT-E Tri-Motor equipado con 3 motores Wright J-6-9 Whirlwind, despegó del aeropuerto de Santiago de Cuba el 10 de diciembre de 1934 con destino a La Habana bajo un fuerte temporal. Su tripulación la formaban el piloto, el copiloto y un asistente, llevaba además el correo y 5 pasajeros. Según esta registrado sobre las 7:30 bajo un fuerte temporal el avión se estrelló a altura de Palma Soriano falleciendo 2 de los integrantes de la tripulación y 2 de los pasajeros. Entre los fallecidos se encontraba George H. Bunkar, vicepresidente de la “Guantánamo Sugar Co”, los pilotos Torres Navarro y Emeterio Vorilla, además del inspector del tesoro José Coll.  El avión quedó siniestro total. La guardia rural transportó los cadáveres y los supervivientes hasta el cercano poblado de “Clarita”.

La carta en cuestión había sido despachada a La Habana desde Santiago de Cuba. Al recogerse las sacas del correo, mojadas por el temporal, se trasladaron a Santiago de Cuba donde se procedió a procesarlas. A la carta en cuestión, mojada por el agua, se despegaron los sellos del porte, perdiéndose uno y recolocado el otro burdamente. Al reverso el responsable del despacho de la correspondencia accidentada anotó “esta sufrió demora por la caída de avión Nº7” y colocó el sello de sellado oficial que canceló con la marca de la oficina de origen a la que se había llevado el correo sacado del avión.
Aún hoy, casi 100 años después del accidente, es posible encontrar piezas únicas que escaparon de los coleccionistas y lo estudiosos de la historia postal de nuestro correo aéreo.

(*) https://aviation-safety.net/database/record.php?id=19341210-0&lang=es

 

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