Prefilatelia IV. El fin del servicio postal por la Real Hacienda y la subasta del Oficio de Correo Mayor.*

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El servicio postal gestionado por la Real Hacienda si bien no marchó mal no era de prever que lo hiciera mejor en los años venideros. Con tal incertidumbre se determinó subastar el Oficio de Correo Mayor.

Analicemos la situación: el balance de operaciones del primer año del servicio arrojó que de 1.287 pesos fuertes, el costo del servicio fue de 946 pesos, con un beneficio de 341 pesos fuertes. El beneficio no era considerable y sí mermaba el despacho de la correspondencia es posible que el déficit lo tuviera que asumir Hacienda. Ante esta disyuntiva se publicó el pliego de condiciones para postularse al oficio de Correo Mayor el 1 de octubre de 1757.

En el mismo se aclaraba que el Correo Mayor debería implementar su propia infraestructura en los diferentes pueblos y ciudades. A su cuenta debía nombrar los tenientes encargados de la recaudación de los portes del correo. Los pliegos procedentes de la península y Tierra Firme debían ser transportados al Castillo de la Fuerza donde se clasificarían los correspondientes al correo oficial y las privadas. Se formalizarían allí las listas de las cartas correspondientes a la villa para ponerlas a disposición de sus destinatarios sin costo alguno y las del interior de la isla, saliendo en el primer correo ordinario que saliera.

La correspondencia interna que llegara a La Habana debía ir a la Casa o Estafeta del Correo Mayor para su clasificación y distribución. El administrador estaba obligado a proporcionar todos los correos que se pidieran a razón de un real y medio por legua si fuera el trayecto de ida y vuelta y dos reales un cuartillo por legua si fuera en un solo sentido. Si se diera el caso que al llegar a su destino se precisara un correo de vuelta se cobraría a razón de un real y 3 cuartillos por legua. Era su obligación publicitar por medio de carteles la salida de las embarcaciones ya fuera de la capital como de Santiago de Cuba o Trinidad.

La subasta

Firma del Correo Mayor D. Cipriano de la Luz
Firma del Correo Mayor D. Cipriano de la Luz

El precio de salida de la subasta por el oficio de Correo Mayor se fijó en 8.000 pesos. Se sumaron 1.400 pesos por el derecho de nombrar teniente en la capital con la obligación de sustituir a su superior en el cargo y con derecho a la silla de regidor en el Cabildo en caso de ausencia o enfermedad del Correo Mayor. El remate se realizó el 26 de noviembre de 1757 y se presentaron dos postores: D. Francisco Gutiérrez de Rivera, teniente de gobernador de Trinidad y D. Cipriano de la Luz, vecino de la capital. Las pujas se elevaron a 18.000 pesos y D. Cipriano fue el ganador. Se abonó en una sola cuota la media annata establecida para los oficios vendibles por Felipe IV en 1631. El impuesto consistía en la mitad de la renta anual del oficio o merced concedida o adquirida. Se debía abonar en dos plazos a la Real Hacienda, el primero al ser nombrado y el segundo antes del término del primer año.

Cumplidos los trámites de rigor y solicitada la confirmación real el nuevo Correo Mayor nombra teniente de La Habana a su hermano D. José Manuel de la Luz, siendo removido posteriormente. Según Ángel Torredamé, eminente historiador, el servicio postal a cuenta de la Real Hacienda comenzó el 1 de marzo de 1756 (por documentación que consultó en el Archivo de Indias) y terminó en septiembre de 1757 aunque por liquidaciones de viajes posteriores a la fecha hacen aseverar que es posible que finaliza el 1 de diciembre.

Vista del Muelle de Luz a finales del siglo XIX
Vista del Muelle de Luz a finales del siglo XIX

Deberíamos preguntarnos quién era D. Cipriano de la Luz Meireles cuya actividad en el Cabildo habanero resultó que al final una calle de La Habana llevara su nombre y el muelle colindante.

El Oficio había sido tasado en 8.000 pesos y finalmente pagado 18.000 pesos más la media annata. Sabía que el servicio postal no era rentable y era posible que no rindiera beneficios sino pérdidas. Las primeras notas que encontramos hacen referencia que nace en La Habana en 1715 y es bautizado en la Catedral. Se casó en la Iglesia del Spíritu Santo de La Habana y de su matrimonio con Dña. Ana María Fernández-Poveda y Aguiar nacieron seis hijos que continuaron con su estirpe. Su deceso esta registrado en 1782. Es conocido como capitán de milicias con varios títulos de carácter religioso. Había heredado de su padre una cuantiosa fortuna y dando buen uso de ella en el comercio aparece referenciado en Madrid por el gobernador, conde de Ricla, como uno de los más adinerados vecinos de La Habana. Formó parte temporalmente del consistorio habanero donde llega a ser alcalde ordinario y preside importantes sesiones. Su nombramiento como Correo Mayor obedecía más a sus ambiciones políticas que a un empleo remunerativo. Su oficio daba derecho a un escaño en el Cabildo como regidor del Ayuntamiento de La Habana, puesto muy apetecible ambicionado por él hacía años. El día de su investidura se presentaron numerosas quejas de otros regidores cuyos nombres forman parte de la historia habanera: D. José Martín Félix de Arrate, D. Pedro José Calvo de la Puerta y D. Luis José de Aguiar. A pesar de las protestas fue investido en la sala capitular y recibió la confirmación del Rey. El argumento de los regidores era que el gobernador no tenía autorización para anexar el cargo de regidor al de oficio de Correo Mayor y que había elevado a trece los mismos cuando la legislación establecía que fueran doce. Las reclamaciones tuvieron respuesta el 24 de abril de 1758 y se confirmó la actuación del capitán general y gobernador de la isla. No tardó en encontrarse otra vez en litigio, esta vez con el Correo Mayor de Indias, D. Fermín Francisco de Carvajal y Vargas, que reclamaba su derecho como único Correo Mayor de las Indias y pedía su cese. Después de numerosas gestiones se celebró un juicio el 29 de noviembre de 1758. El resultado fue que se mandó suspender los despachos de Real Aprobación y confirmación de D. Cipriano como Correo Mayor de la Isla.

Como la justicia, antes y ahora, se toma su tiempo las apelaciones llegaron hasta 1762 mientras ejercía su añorado puesto de regidor del Cabildo habanero. Jugó a su favor en su reconciliación con el consistorio capitolino que salvara parte de los caudales de la administración de vacantes que estaban a su cargo durante la ocupación británica de la isla.

* Versión ampliada y actualizada del discurso de ingreso presentado a la Real Academia Hispánica de Filatelia e Historia Postal en noviembre del 2021 por Adolfo Sarrias. Solo se autoriza el uso de este texto como licencia general para uso educativo. Se prohíbe cualquier reproducción o distribución que implique una ganancia o beneficio patrimonial.

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